La calidad de las ranillas depende de varios factores. Si hacemos un repaso mental, observamos que hay tanta clase de ranillas como de caballos, independientemente de la raza de los mismos o de las condiciones higiénicas en que vive. Desde siempre se ha tenido por cierto que una cama sucia destruye la ranilla, pero todos conocemos el hecho de que muchos caballos mantenidos en camas indecentes, disfrutan de una maravillosa ranilla, en tanto que caballos de deporte en camas de superlujo se ven afectados por putrefacciones, hongos, higo y todas las enfermedades que aquejan a la ranilla. Independientemente de las condiciones higiénicas, encontramos que caballos con talones y cascos bajos disfrutan de una ranilla grande y bien formada, en tanto que la mayoría de los cascos altos poseen una ranilla por lo común atrofiada o que difícilmente llega al suelo.
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Podríamos decir que las bacterias y hongos destruyen a una ranilla que
sea débil. Y la ranilla crece débil por muchas causas, entre ellas:
-Carencia de algún nutriente necesario para la formación de un buen tejido córneo.
-Falta de uso. La ranilla, cuando no apoya en el suelo, se atrofia.
Esta falta de apoyo puede devenir de un rebajado excesivo por parte del
herrador o por la especial conformación del casco.
La carencia de nutrientes puede ser debida a una mala o insuficiente
alimentación, pero también puede ser debida a una mala circulación de
la sangre en los tejidos internos del pie. Un aplomado defectuoso o un
herraje incorrecto constriñe el sistema circulatorio interno del pie.
Esto se traduce, además de en otros problemas, en una mala formación
del tejido corneo. El corion de la ranilla, por su posición en el
interior del pie, no tiene arterias importantes de las que nutrirse,
por lo que se ve obligada a “aspirar” la sangre desde los órganos
cercanos. Este sistema de aspiración-expiración se moviliza con el
continuo masaje que experimenta la ranilla contra el suelo al moverse
el animal. Como es obvio, si la ranilla no toca el suelo, no se nutre
bien, con lo que entramos en un círculo vicioso. Cada vez se produce
ranilla de peor calidad. Cada vez se destruye mas fácilmente el tejido
corneo formado y cada vez son menores las posibilidades de que el
organismo del caballo supere este problema por sus propios medios.
A menudo, los problemas nunca se presentan solos y de manera separada,
sino que se mezclan entre si. Generalmente, un cuadro de ranillas
pobres o afectadas de putrefacción suele venir acompañado de otras
enfermedades del pie, generalmente el encastillamiento o el llamado
síndrome de los talones desgarrados.
Para combatir los problemas de la ranilla, se debe de atacar en varios frentes:
-Mejorar la calidad de la ranilla formada. Para ello, es conveniente
suministrar al caballo los diferentes nutrientes necesarios para la
formación de un casco sano. Los diferentes preparados comerciales que
hay en el mercado, aportan al animal todos o casi todos los
oligoelementos necesarios.
-Corregir o cuando menos, paliar en lo posible las condiciones que
favorecen la mala circulación interna del casco. Un aplomado exquisito
y un herraje correcto, son la base de la salud del pie del caballo.
-Conservar el tejido corneo formado, evitando los gérmenes que
destruyen la ranilla. Una limpieza exhaustiva de la ranilla y la
aplicación de productos antisépticos mantendrá integro el tejido corneo
formado.
Existe en el mercado un gran número de sistemas que, permitiendo el
apoyo de la ranilla en el suelo, tratan de recuperar su funcionamiento.
De estos, algunos se han mostrado totalmente ineficaces, sobre todo los
que ofrecían un apoyo duro a la ranilla. Este apoyo duro, aumentaba el
estrés del corion de la ranilla y la atrofiaba aun más.
Con la aparición de las modernas resinas acrílicas se ha abierto una
puerta a la esperanza en la recuperación de estas ranillas tan
atrofiadas. Las almohadillas plantares, con varios grados de
flexibilidad y dureza, efectúan un masaje continuo a las estructuras
internas de la ranilla, mejorando la circulación y permitiendo la
nutrición correcta del corion de la ranilla. Con estas actuaciones
cambiaremos la tendencia de la ranilla a la atrofia y a la
putrefacción, consiguiendo una ranilla sana y fuerte, capaz de apoyar
en el suelo y de contribuir a la salud del casco, y por ende, del
caballo.
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